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«El sueño erótico de ella»: relato de una seguidora

Después de todo y sin planearlo, terminamos aquí. Cerró la puerta con pestillo y se acercó a mi con lentitud pero seguridad, más de la que incluso yo he podido tener en mi vida. Sabía perfectamente lo que pasaría, pero no cómo.

Me besó, mi estomago se contrajo. No era el primer beso, pero si la primera vez que no me lo esperaba: desesperado, húmedo y ardiente. Se alejó un par de pasos obligándome a abrir los ojos, yo deseaba su boca con locura, mi respiración era muy agitada.

Cuando me di cuenta lo único que nos separaba era a lo mucho un metro de distancia y lencería barata: él con sus boxers blancos que dejaban al descubierto una firme e imponente erección, y yo con un bra y una pequeña tanga negras y de encaje que no dejaban nada ala imaginación. Podía apreciarse la firmeza de mis pezones en ese momento y la ligera curva que aparentaban mis nalgas.

Me sentí muy sexy en ese momento, en especial al ver como me observaba. Se acercó, besó mi cuello, posó sus manos en mi cadera y seguía avanzando sin desearlo tuve que retroceder: yo quería lo contrario, estar lo mas juntos posible.  Llegamos a un tocador y me sentó.

Sus besos fueron recorriendo mi cuerpo poco a poco cubriendo cada pedazo de piel. Se hincó, acariciaba mis piernas, de los pies a las rodillas, tocaba sutilmente mi clítoris con roces fugaces y ocasionales desatando tanta excitación que costaba mantener los ojos abiertos. De pronto golpeó mis nalgas y las empezó a manipular al ritmo en el que besaba mi pubis.

Sacó su lengua y empezó a bajar lentamente, cuando llegó al clítoris una suave pero intensa presión se apoderó de mi cuerpo, haciéndome temblar, y que mi espalda se enarcara. Me abrí para darle un mayor acceso a mi interior, así que introdujo su lengua y jugueteó con ella un rato. La sacó y en su lugar introdujo un par de dedos, los movía como si estuviera penetrándome.

Cerré los ojos de nuevo, gemía tan fuerte que esperaba más salvajismo de su parte, y ahí estaba, mi segundo orgasmo en cuestión de segundos. Abrí los ojos y su fulminante erección amenazaba con entrar. Me giró, podía ver mi reflejo en el espejo, me levantó una pierna y fuertemente sonó mi alarma…

Hora de levantarme… nota mental: cer0 glucosa en la noche.

Relato erótico de Hilary Anaya

Me gustó este relato porque además de estar escrito por una mujer (casi siempre sois los chicos quienes participáis en este tipo de acciones) habla de la satisfacción femenina en su máxima expresión: deja atrás la penetración y se centra en las sensaciones y en los «elementos de morbo» que muchas veces gustan más que cualquier otra cuestión que a veces encontramos en la pornografía.

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